"El
“Bullying”, nuevo fenómeno de exclusión"
Por Camilo Ramírez Garza
En México,
hasta hace algunos años existían todavía,
en el ámbito escolar, las burlas, algunas jocosas y divertidas,
como la carrilla, el carro, las madreadas,
la botana, los apodos, etcetera hasta las bromas
pesadas. Sin embargo, éstas tienden a desaparecer ante
la noción única de bullying o de violencia
en general. Si antes los alumnos buscaban defenderse de quienes
los agredían, darse a respetar mediante la reciprocidad
en los insultos y golpes, formas de integrarse al grupo, ahora
tales actos son adscriptos a una cierta “psicopatología
escolar” denominada conductas bullying, en donde
a “víctimas” y “victimarios” se
les excluye mediante esta nueva clasificación, poniéndolos
en la mira de necesitar tratamiento médico y/o psicológico.
Quizás en unos años, a la lista de especialistas
que son consultados por recomendación de la escuela (médico
psiquiatra, psicólogo, psicoanalista, psicopedagogo, neurólogo),
se añada el genetista, así como el ingeniero genético,
como un exceso del deseo preventivo de erradicar anticipadamente
eso intolerable. Transformándose así el lugar de
alumno en paciente, y el de la escuela en pseudo-clínica
de salud mental. Al preguntarnos, qué es lo que se pega
cuando se pega, cuando se insulta, cuando se mata, devolvemos
al simple acto en serie de las clasificaciones y estadísticas,
su carácter humano, singular y evanescente, eso que se
dice haciendo. Es entonces cuando quienes ahí participan
pueden recoger los efectos de dicha experiencia en el contexto
de la agresividad constitutiva de lo humano: qué significa,
qué me quiere decir, qué me plantea, que voy a hacer
en dónde los actos son experiencias de lenguaje, revelan
sentidos, mensajes cifrados en la carne, en los puños.