"Los
jóvenes y la transgresión"
Por Camilo Ramírez Garza
La transgresión
es fundante de lo humano. No hay humanidad sin transgresión.
La transgresión nos constituye, es nuestra marca, recorrido
y destino. Transgresión del orden instintivo, meramente
biológico, transformación del organismo, su estructura
y funcionamiento, hominización, surgimiento del cuerpo
humano, erógeno, paradójico, fugaz y vacilante,
constituido desde la pérdida, la imposibilidad, la carencia
y la falta, por ello siempre vacilante e inmaduro. Trastocamiento
de lo natural circundante, surgimiento de la cultura, el contexto
humano por excelencia, artificial, de ahí que podamos vivir
en cualquier lugar, nos extendemos como plagas, somos al mismo
tiempo desplazamiento y destrucción, metáforas vivientes
con la ilusión de prescindir, siquiera un momento, de lo
que la madre naturaleza otorgue. Sin andarnos con tantos rodeos,
planteamos de entrada que las transgresiones y desafíos
deben tomarse al nivel de una demanda, una petición, pero…
¿petición de qué? De construirse como sujetos,
teniendo un referente en el reconocimiento de algo más
grande que ellos mismos, la ley, que les permita responder a la
pregunta ¿quién soy? A partir del rodeo por otros
interrogantes como: ¿quién soy para tí? ¿qué
debo hacer? ¿qué me está permitido? ¿cuál
es mi castigo? El motor del mercado es el consumo, su principio
y fin: colocar no solamente un producto, un artículo, sino
un deseo, hacer creer que responde, cuando en verdad gesta, necesidades,
que más bien debiéramos decir, necedades. Por lo
tanto no produce sujetos, sino usuarios. Simple y llanamente usuarios
“bien portados” que consuman, al tiempo que se consumen
como sujetos.