“De
la violencia a la convivencia, desde una práctica en el
sistema educativo público formal”
Por Beatriz Liberman y Ana Monza
Desde
los tránsitos que hemos realizado en el Programa Prevención
de Violencia de Co.Di.Cen.-ANEP, concebimos la violencia en los
Centros Educativos como un fenómeno complejo, que trasciende
el golpe, el grito, el insulto, la pelea y que se inscribe en
un contexto y en una dinámica singular.
En
este sentido, desde el PPV se abordó la violencia trascendiendo
lo fáctico, buscando sentidos, allí donde los aconteceres
se despliegan. Violencias que no siempre ‘suenan’
o estallan, que no siempre son visibles, que se materializan en
los efectos que producen y a lo que los Centros Educativos cotidianamente
buscan dar respuesta.
En
el año 2005 el equipo de trabajo estableció como
finalidad del Programa generar condiciones que posibiliten a los
Centros Educativos a ser gestores de cambios sobre si, sobre sus
actores, a través de una transformación activa y
creativa de su cultura y estilo institucional que atiendan y acompañen
las nuevas realidades y producciones culturales. A partir de lo
cual se definió el desarrollo de dos líneas estratégicas:
En
cuanto a la primera línea, el abordaje de emergencias
o emergentes, nos referíamos a aquellas situaciones
que irrumpen en la cotidianeidad de los Centros Educativos.
En
relación a la línea de promoción de Centros
Educativos productores de Bienestar, se propuso aportar a
la construcción de Centros Educativos que sostienen, se
apropian y reinventan colectivamente su función educativa.
Promoviendo una convivencia, en tanto construcción cotidiana
que tiene como resultante las relaciones y vínculos entre
los distintos protagonistas, un estilo y un clima institucional.
Se vuelve necesario generar una convivencia que aporte a la producción,
a la educación y a los procesos de enseñanza y aprendizaje,
al crecimiento de niños, niñas y adolescentes en
el marco de sus derechos y de su ser ciudadanos, a la construcción
de una cultura que contemple las variaciones históricas,
sociales y también culturales. Para generar una convivencia
de estas características se vuelve necesario instalar una
mirada, una problematización y reflexión permanente
que permita contemplar la complejidad de factores y dimensiones
puestos en juego en la institución. Por esto, el abordaje
de las situaciones de violencia nos compromete al análisis
y transformación de distintos planos implicados a fin de
no quedar en una mera acción paliativa que postergue su
tramitación efectiva.