"Rechazar
el desvío de la mirada"
Por Miriam Dios
Es evidente
que, no podemos cerrar en una categoría homogénea
las diferentes formas de violencia con la que nos encontramos
actualmente y tampoco considerar que estos fenómenos complejos
puedan ser sólo definidos como anormalías o carencias
individuales que alteran un orden existente, descontextualizados
de la trama social e histórica en la que se producen.
Reducir a lo visible de “una violencia” en singular,
sería desmentir o encubrir, y esto no sería ingenuo,
aquello invisible que produce las diferentes formas de violencia.
Tampoco puede ser reducida a la diferencia social. La agresividad,
la violencia atraviesa a niños o jóvenes tanto de
las clases pobres como a las clases medias y altas, pues los “golpes”
no son solo los recibidos fácticamente en el cuerpo sino
aquellos que tienen que ver con las carencias que los afectan
respecto a las necesidades básicas de todo ser humano,
me refiero a necesidades afectivas, articuladas al sostén
fundamental para constituir vínculos con otros, y en el
transito con otros constituirse como sujetos, de pleno derecho.
Como psicoanalista de una institución que entiende la Salud
Mental estrechamente ligada a los derechos del hombre y en consonancia
con una lectura del síntoma de su época, entiendo
que, la dirección de nuestra preocupación debe ser
la indagación sobre "la ignorancia, la indiferencia,
la mirada que se desvía, (que son las que) explican tras
qué velo sigue todavía oculto este misterio".
Y este punto convoca a la responsabilidad subjetiva, rechazando
el llamado a la ignorancia, a la indiferencia y al desvío
de la mirada.