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“Programa de Concientización y Promoción del Desarme y la Paz: Una experiencia alternativa para el fortalecimiento del capital local”

Por Mónica Bouyssede

 

La violencia está instalada en nuestra sociedad, atraviesa la vida de los sujetos y de las instituciones y los medios de comunicación le han otorgado un lugar privilegiado instalándola en la vida cotidiana. Los niños y jóvenes crecen atravesados por situaciones de intransigencia y beligerancia que los privan de sus derechos más elementales: el derecho a disfrutar de una vida tranquila y apropiada para su desarrollo personal. En esta franja etárea se están evidenciando los mismos problemas de intolerancia y arbitrariedad que se observan en el mundo adulto.

La propuesta de la Asociación Civil Alfredo Marcenac consiste en una prueba piloto para trabajar la problemática de la violencia social en general, y la violencia con presencia de armas de fuego en particular, en los diferentes niveles educativos, desde tres perspectivas: educación para la paz; construcción de ciudadanía; promoción de los derechos de niños, niñas y jóvenes en la comunidad local. Partimos de considerar que la posibilidad de aprender y construir colectivamente, es un aspecto característico de nuestra especie humana. Por lo tanto, los conflictos humanos pueden tener una variedad de respuestas donde el aprendizaje y la construcción con otros, son aspectos “clave” para fortalecer lo que podríamos llamar “flexibilidad comportamental”, entendida como la capacidad de responder de diferentes maneras ante un mismo problema. Concretamente estamos convencidos que algunas de las herramientas para desnaturalizar la violencia y mejorar la convivencia humana están en la educación.

Con el Programa Educativo nos proponemos instalar la idea de la convivencia pacífica como un propósito colectivo posible desde una concepción de ciudadanía activa y comprometida con el bien social. Se trata de ensayar en los ámbitos educativos prácticas alternativas para la resolución pacífica de los conflictos y la modificación de los modelos de comportamientos violentos naturalizados en las relaciones sociales. Dirigimos la atención a las relaciones e interacciones que entre los niños y jóvenes se suscitan, y a partir del análisis de las mismas, se trata de reestablecer la palabra y/o alguna estrategia de comunicación simbólica entre las personas, que no sea violenta. Pretendemos además, que del análisis y las argumentaciones de los niños y jóvenes, que han sido testigos muchas veces de actos violentos y en ocasiones con presencia de un arma de fuego, surjan mensajes que puedan ser comunicados a toda la comunidad, para que vivencien la oportunidad de ejercer su rol como ciudadanos activos. Por último promovemos la generación de capital simbólico en la comunidad local, que contribuya a cambiar la cultura a favor de la paz.

El Programa Educativo es conducido por un Equipo Docente Transdisciplinario, conformado por 12 integrantes de diferentes disciplinas artísticas y físicas. La experiencia piloto de investigación-acción, se viene desarrollando en la Región Educativa Nº 20, desde 2007. Y en el 2008, específicamente se comenzó a trabajar en escuelas con población en riesgo. Consideramos de este modo a las escuelas en las que se haya constatado que un grupo importante de alumnos expresan como “natural” la presencia de armas en sus hogares y justifican el uso de armas como herramienta para proveer seguridad a las personas.

Con alumnos de EP y ES, y a través de la modalidad de aula-taller se plantearon actividades diseñadas desde una perspectiva transdisciplinaria que permiten conocer y problematizar aquellos factores subyacentes que constituyen la condición de emergencia de la violencia. A partir de este reconocimiento se ensayan y diseñan mensajes en diferentes lenguajes artísticos como respuesta a la resolución violenta del conflicto. Los productos artísticos se constituyen parte del capital simbólico que tiene un doble fin: el de constituir una forma de resistencia a la violencia y servir para la intervención del espacio público, permitiendo al alumno la experiencia de ser el promotor de los cambios de la sociedad en la que vive. La “intervención” del Equipo Docente en la escuela tiene una duración de 2 a 3 meses.

Como resultado del Programa Educativo disminuyeron los hechos de violencia en los recreos y se mejoró la atención y capacidad de escucha en el espacio áulico. Los padres se mostraron interesados por la propuesta. Se logró un vínculo de confianza entre el Equipo Docente y los alumnos, lo que permitió revisar las pautas y reglas de convivencia; se fortaleció la argumentación y se ensayaron formas no violentas de resolución de conflictos. Las producciones realizadas por los niños y jóvenes fueron dados a conocer a la comunidad local, produciendo un acercamiento con otros integrantes de la comunidad que muchas veces los discriminan.