El lunes 16
de Abril un joven de 23 años, estudiante del último
año de la carrera de Literatura Inglesa, de la Universidad
Politécnica de Virginia, en Blacksburg, Virginia, EE.UU.
asesinó a 33 personas e hirió a una veintena, dentro
del establecimiento educativo. Al finalizar su faena se suicidó
con un tiro en la cabeza. Para tratar el tema conversamos con
el Lic. Fernando Osorio, psicoanalista, que se ha especializado
en problemáticas vinculadas a la violencia en las organizaciones
educativas.
Raúl
Arcón. En uno de sus libros, dedicado al análisis
de la violencia en las escuelas, que lleva por título Violencia
en las Escuelas. Un análisis desde la subjetividad, usted
sostiene que la mayoría de los hechos violentos que ocurren
en los establecimientos escolares no son generados por el sistema
educativo, sino por acciones directas o indirectas de la sociedad.
Fernando
Osorio. Suelo contar que, en mi experiencia de trabajo y de investigación,
he descubierto que la gran mayoría de los fenómenos
violentos ocurridos en las escuelas no le pertenecen al sistema
educativo sino a fenómenos sociales que irrumpen de modo
siniestro dentro de la organización escolar. Esta aparición
es cada vez más virulenta, en grado creciente y, lo más
complejo del tema es que, muy pocos actores del sistema están
preparados para dar respuestas a eso que invade la vida de docentes,
alumnos y padres.
RA.
Usted hace una diferencia entre violencia escolar y violencia
en las escuelas y pone especial énfasis en la partícula
“en”.
FO.
La violencia escolar prefiero dejarla para nombrar todos aquellos
episodios antidemocráticos que genera el sistema. Como
pueden ser el autoritarismo de un docente que especula con la
calificación para lograr el respeto de sus alumnos, o los
directivos que someten al personal, que tienen bajo su conducción,
con la eterna amenaza del sumario si no cumplen con sus directivas…
y hay miles de ejemplos. En cambio violencia “en”
las escuelas es la violencia social que irrumpe en los establecimientos
escolares, que no los genera el sistema educativo, y que la sociedad
prefiere denominar como violencia escolar con la única
intención de desentenderse de la responsabilidad que le
cabe ante la generación de violencia. Le diría que
es ideológico.
RA.
Sabemos que usted ha estado muy conectado con los episodios de
la tragedia ocurrida en 2004 en la localidad de Carmen de Patagones,
Argentina. Lo escuchamos a través de la radio local y en
alguna charla organizada con motivo del primer aniversario. Se
ha especulado en estos días con la idea de comparar este
episodio con los hechos de Virginia USA.
FO.
Yo le diría que estos dos hechos son similares en un único
punto. Se trata de un estudiante que asesina a otros y que las
primeras pesquisas indican que tenía una motivación
personal, para llevar a cabo semejante hecho, asociado a un desequilibrio
mental.
RA.
Se insiste en compararlos como si fueran lo mismo.
FO:
Yo insisto en no importar ni modelos ni ejemplos para explicar
situaciones locales. No hay que transferir hechos particulares
a una comunidad tan contradictoria y diferente, a todo lo latino,
como es la norteamericana. Se trata de una sociedad armada, que
está absolutamente comprometida con la búsqueda
de una supuesta libertad a través de la fuerza y de la
guerra y tiene a la mayoría de sus ciudadanos acompañando
esta locura. Fíjese que interesante un dato, ellos (los
norteamericanos) siempre plantean que lo malo les viene de afuera.
Entonces, lo primero que hicieron, los medios de comunicación
de ese país, fue nombrar al homicida como un “surcoreano”,
cuando en realidad ese sujeto vivía en EE.UU. desde los
ocho años. Dudo que alguien pueda vivir en ese país
en una posición tan acomodada como la de esta familia,
tantos años, sin ser o ciudadanos americanos o tener una
residencia o al menos una validación legal de algún
tipo. Las informaciones que circulan advierten que el homicida
tenía permisos para portar armas, chequeras con su nombre,
licencia de conducir… en fin, me parece que este muchacho
estaba muy lejos de ser un surcoreano pobre y marginal.
RA.
¿Por qué cree usted que se producen estos hechos,
de asesinatos múltiples, en los establecimientos escolares?
¿Se trata de una casualidad? ¿Podría ocurrir
en cualquier lugar?
FO:
Ante un episodio de violencia, en un establecimiento educativo,
una vez despejada la idea de atentado o una hipótesis terrorista
o un móvil político o racial, hay que historizar
el hecho desde el punto de vista subjetivo. Hay que tratar de
indagar porque el sujeto involucrado utilizó ese ámbito.
Y lamentablemente tenemos muy pocos recursos para prevenir un
hecho así. Principalmente porque no se puede prevenir todo.
RA.
¿Podría aclararnos más este punto?
FO.
Por ejemplo, la matanza en la escuela rusa de Beslam, en el 2004,
fue por un hecho político, perpetrado por un grupo terrorista,
que dejó como saldo 186 niños muertos. Ellos reclamaban
algo y se valieron de la sensibilidad que ocasionaba poner en
riesgo la vida de los niños para conseguir lo que querían.
Se utilizó el ámbito escolar por pura especulación
social.
RA.
¿Y cuando se trata de un individuo, cuál es la motivación
más esencial?
FO.
Debiera decirle, respecto a lo que usted nombra como “motivación
esencial”, que tampoco es lo mismo cuando se trata de una
única persona o cuando se trata de un grupo de personas
que se organizan para perpetrar el hecho.
RA.
¿El ejemplo de grupo sería lo que fue, en 1999,
la matanza en el Columbine…?
FO.
Exactamente. En esa oportunidad se trato de una “locura
de a dos”. Esto quiere decir que independientemente de la
ideación delirante, de un sujeto que se siente perseguido,
hay una planificación “con otro” que no necesariamente
está desquiciado. Puede tratarse, en el caso del cómplice,
de un sujeto perverso que utiliza la “locura”, la
enfermedad del otro, para llevar adelante un acto criminal. Se
lo denomina socialmente autor intelectual. Eso es típicamente
perverso: hacer ejecutar a otro un acto en el que también
quede sometido a la voluntad del primero.
RA.
¿Hay un móvil que lleva a una persona a que eso
ocurra en ese lugar y no en otro?
FO.
Por supuesto no da lo mismo que esa matanza se realice en una
escuela que en un centro comercial. Seguramente el asesino necesita
que su acto sea ejecutado en ese lugar específico y que
además sea masivo y con la posibilidad de generar un estado
de pánico colectivo. Lo más importante para el homicida
es que, en ese ámbito él, no es un ser anónimo.
RA.
¿En cualquier otro lugar se lo tomaría como un delincuente
común?
FO.
Tratemos de pensarlo desde la figura del francotirador. No se
trató, en este caso, de un francotirador que desde una
posición clandestina disparó contra sus víctimas.
Se trató de una acción frente a frente. El asesino
estuvo cara a cara con sus víctimas para ver como sufrían,
se desesperaban, se sometían a su deseo. Este sujeto necesitaba
verlos morir bajo el fuego de su arma.
RA.
¿Entonces se trata de que las victimas no sean seres anónimos?
FO.
En general las víctimas, en este tipo de enfrentamiento,
son amigos, parejas, ex parejas, enemigos o compañeros
institucionales, con o sin mayores relaciones de amistad. Para
el agresor la garantía de “tarea cumplida”
está dada justamente por el estado siniestro de asombro
y perplejidad que genera, en la gente común, que un compañero,
un colega se transforme en un asesino masivo de un momento para
otro. Y esto es lo que le resulta placentero al agresor; puede
verle la cara de terror a la víctima que hasta ese momento
era alguien familiar.
RA.
Y la escuela, es un ámbito lleno de personajes conocidos.
FO.
El ámbito escolar es el mejor lugar para que un sujeto
desquiciado lleve adelante su plan de venganza paranoide contra
todos aquellos que, cree, pudieran estar enfrentados a él;
o ser simplemente protagonistas de una ideación delirante
de persecución que no existe nada más que en su
mente.
RA.
¿Existe la posibilidad de detectarlos? ¿Es posible
que alguien común sin formación psicológica
o psiquiátrica pueda darse cuenta que convive con un demente?
La gente de la universidad Virginia Tech dice que era un muchacho
raro pero nadie imaginó un desenlace de esta característica.
FO. No es tan fácil porque, en general, se trata
de sujetos psicóticos que han desarrollado una especie
de delirio confabulatorio del que tienen que vengarse. Pero se
comportan cercanamente a lo “normal”. De hecho él
relataba muchos hechos de violencia y muerte pero, como estaba
en una carrera de literatura, se lo tomaba como una producción
de “ficción”. Algún hecho fortuito inesperado,
para sí, detona esa idea persecutoria y no pueden cesar
hasta no concretar algo que ellos sienten como la liberación
de la tensión que los atormenta. Y por supuesto ese hecho
fortuito puede ser una ruptura amorosa, un engaño, el acoso
de un docente o de uno o varios compañeros, etc., etc.
O quizás la interpretación personal de un hecho
común que él toma como trágico por su alteración
mental.
RA.
¿Pero como puede ser que nadie se de cuenta que convive
con un ser potencialmente tan peligroso?
FO.
A cualquiera de nosotros le puede pasar algo así. El típico
“loco” esteriotipado sólo se ve en la televisión.
Muchos psicóticos transitan por nuestra ciudad o nuestro
pueblo sin que lo sepamos. Quiero aclarar que, en algunos casos
y no creo que sea este de Virginia, también puede tratarse
de un perverso que despliega, con mucha suspicacia, sus recursos
de sometimiento y muchas veces la gente común se ve envuelta
en sus actos sin haber advertido cómo llegó hasta
esa instancia.
RA.
¿Todos los establecimientos educativos cuentan con personal
idóneo para evaluar estos casos? ¿Sería una
forma de prevenirlo?
FO. Si bien no se puede prevenir todo, es seguro que
hay determinados indicadores que uno puede captar. De hecho tanto
en el episodio de Carmen de Patagones como en el de Virginia ambos
jóvenes habían sido derivados a un profesional y
había alguna información sobre sus extrañas
conductas. En el caso argentino un retraimiento muy marcado y
una reivindicación de la muerte como liberación
personal. Y en el caso norteamericano se trataba de un joven acosador
de mujeres, impulsivo y con una comunicación a la institución
por parte de un familiar de ciertas conductas suicidas. En los
dos casos ambos agresores anunciaron lo que iban a hacer. No obstante
creo que las escuelas en la argentina están muy desprotegidas
y expuestas a situaciones que no se pueden manejar, sin llegar
a este extremo. Hay que capacitar a los docentes pero también
hay que incluir personal técnico que apoye su tarea…
ellos solos no pueden todo.
RA.
Muchas gracias.
Por: Raúl
Arcón
Fuente: Agencia de Noticias El Portal, Buenos Aires.
Fecha: 17 de Abril de 2007