Para el psicólogo
Fernando Osorio, "la crisis de la organización familiar
y escolar tiene en el centro de la polémica a la decadencia
de la autoridad ejercida por los adultos", por eso recuerda
que "la autoridad es lo que le permite a un niño crecer
sano" y que los padres "no deben tener temor a ejercerla".
Con
el propósito de colaborar en la difícil tarea de
educar a los hijos, Osorio brindó en la ciudad una charla
denominada ¿Qué función cumplen los padres
de un niño? que estuvo organizada por Fundación
OSDE, con el auspicio del Instituto San Nicolás de los
Arroyos.
En diálogo con LA CAPITAL, Osorio abrió un espacio
para pensar y debatir cuándo y por qué los adultos
fracasan a la hora de poner límites o de encontrar una
mejor orientación para los conflictos de los hijos.
- La pregunta que usted plantea sobre la función
que cumplen los padres de un niño, ¿surge como respuesta
a las demandas de los padres de hoy, porque antes ni siquiera
se la hacían?
| -
Es verdad, porque en realidad es generacional la pregunta.
Responde a una generación de padres que están
entre los 35 y 45 años y de ahí para abajo.
La generación más complicada es la que tiene
entre 45 y 55 y tiene hijos adolescentes. De ahí para
abajo, todo va increscendo en cuanto a las dudas, a la inseguridad,
a las preguntas por el hacer. |
|
Con
una generación mayor no aparece la pregunta porque
en realidad no aparece el cuestionamiento.
No había un cuestionamiento acerca de lo que tenía
o no que hacer un padre y en realidad eso generaba una acción
directa en la relación con sus propios hijos. Y la
relación con ellos estaba regulada por algo muy estanco
y claro, por eso yo me detengo a pensar que en crisis hay
una generación, porque además esos padres que
tienen más o menos cuarenta y pico hasta 55 años,
desarrollan toda una problemática muy particular porque
a su vez ellos fueron hijos de la Dictadura. En general quienes
ahora tienen hijos adolescentes fueron adolescentes en la
época de la Dictadura. Y ahí hubo un adoctrinamiento
muy claro y evidente. Entonces no había cuestionamiento
hacia la autoridad paterna, se daba por sentado que las cosas
eran así, y el cuestionamiento era de la puerta para
afuera.
Y por supuesto si vamos mucho más atrás, esto
era mayor. Si nos remontamos a nuestros abuelos, había
una cuestión de género en donde en realidad
no sólo no había un cuestionamiento hacia la
autoridad paterna. |
-El
padre era intocable....
-Detrás de toda esa imagen paternalista había
mucha hipocresía, sobre todo evidenciado por la posición
de género que se tenía en esa época. Incluso
al padre en alguna generación se lo trató de usted
y la que resolvía en todo sentido la cocina -no sólo
de la comida sino también de lo que tiene que ver con los
hijos-, era la madre. Es decir, la madre en mujeres que hoy tienen
entre 70 y 80 años, eran las que resolvían los líos
de los hijos y tapaban fuertemente posiciones de género
del varón como jefe de familia. Hasta en situaciones extremas
como podría ser la infidelidad conyugal, donde en realidad
eso no se hablaba y no existía la posibilidad de divorcio.
El divorcio de gente de esa generación se produce en los
últimos 10 o 15 años. Ahora uno se entera que los
viejos se separan y los hijos se preguntan: ahora le venís
a cuestionar a papá cuando te metió los cuernos
toda la vida y ahora seguro que no lo hace.
Las
preguntas
-Hoy, ¿no nos estaremos cuestionando demasiado?
-Sí,
nos cuestionamos demasiado, negociamos demasiado, les permitimos
a los hijos que adquieran una autonomía anticipada
que termina siendo perjudicial para ellos.
Hay una generación de padres un poco más jóvenes
que están 35 y 45 años, que son padres más
ausentes, no porque están desinteresados, sino que
consideran que es mejor establecer una relación fraterna
con los hijos en la que somos hermanos, amigos, pares. Hay
un juez español que dice que cuando uno se hace amigo
de los hijos los deja huérfanos.
Y después tenemos una generación de padres más
jóvenes que tienen entre 25 y 35 que realmente no tienen
la más mínima idea. Vienen a la consulta con
sus hijos y ni siquiera pueden contar qué les pasa,
no pueden describir la problemática. En realidad esa
generación de padres viene derivada de la escuela.
Consultan porque en la escuela les dicen que el chico está
mal, pero no porque ellos observen que algo se está
gestando. |
|
-Y
a esa generación, ¿qué le falta para no poder
descifrar qué le pasa a su hijo...límites?
-Hay como un mito en relación a lo que puede o
no un padre y en general se ha vulgarizado que cuando un padre
no puede poner límites es porque no lo tuvo y en algunos
casos es exactamente al revés. Son padres que fueron absolutamente
reprimidos en su crianza y han generado en la relación
con sus hijos una crianza opuesta. Pero no es lineal eso, no tiene
que ver directamente. Es fundamental el atravesamiento social,
la voz del entorno, las vivencias que haya tenido ese sujeto,
la experiencia de vida que haya desarrollado, lo que haya vivido
él como sujeto de la crianza; no solamente si tuvo o no
un padre autoritario. Porque la crianza no sólo se desarrolla
en la relación con los padres, entonces no necesariamente
un padre que no pone límite es porque no lo tuvo o porque
en realidad tuvo uno que puso demasiados.
Hay toda una influencia del entorno y la socialización
secundaria se hace en las organizaciones escolares, así
que hay influencia de los docentes de maternal y de Inicial. De
hecho uno de mis últimos libros sobre la función
que cumplen los padres de un niño está dedicado
a ellas y especialmente a tratar de que piensen que no tienen
que transformarse en la segunda madre, porque si hay algo que
un niño no necesita, es tener otra madre. Justamente lo
que necesita es incorporar los modos de separar.
Los
límites
-Los límites, históricamente, ¿siempre
son los mismos?
- Los límites siempre son recursos con los que
primero tienen que contar los padres en el sentido de que un límite
es aquella acción que le permite a un padre regular la
impulsividad de los hijos. Hay una cuestión de constitución,
de conducta y personalidad de los niños que es la satisfacción
inmediata. Los chicos llegan al mundo y muy pronto quieren lograr
la satisfacción inmediata a sus necesidades. Los únicos
que pueden regular esto son los padres, y ese es el primer aprendizaje
de los hijos.
Si se logra que los hijos entren en esa vertiente del control
de los impulsos gracias a los adultos lúcidos que los ayuden,
es probable que anden bastante bien. El problema es cuando muy
tempranamente se instala que los padres no tienen la menor idea
de cómo ayudar a sus hijos a controlar esos impulsos, entonces
creen que el modo es satisfacerlos.
-El planteo de los padres de no saber qué hacer
¿es una de las consultas más recurrentes?
-Sí, porque justamente los padres dicen, ya le
di todo o le saque todo para castigarlo, entonces no saben qué
más hacer. Uno de los planteos que suelo hacer es: no hiciste
lo más importante que es regular esa necesidad del chico
de satisfacerse con cuanta necesidad se le cruza en el camino.
Lo más importante no lo hiciste, lo que sí realizaste
es materializar a través de objetos, por qué sí
o no algo. Y lo que termina ocurriendo es que se mercantiliza
la relación con los hijos entonces todo es premio y castigo,
sobre todo en la generación de padres más jóvenes.
-Se pierde el diálogo y la capacidad de escuchar....
-Sí,
como cuestión inmediata a partir de eso. Lo que ocurre
es que hay que ver en el inicio de la relación con
los hijos cómo se fundó esa escucha y diálogo,
y la capacidad de codificar lo que le pasa al hijo.
Una madre dice lo que le pasa al bebé, no se lo pregunta.
Cómo sabe que llora por hambre, porque una vez durante
el primer llanto le dio la teta y ahí empieza el primer
modo en que se regula esa relación. |
|
Entonces
el bebé la próxima vez que tenga la misma necesidad,
va a llorar y la madre le dará de comer. Pero si sigue
llorando, una madre lo suficientemente buena, se dará
cuenta que quiere otra cosa. El bebé se da cuenta que
la modificación del llanto le permitió tener
otra experiencia. Todo eso se va instalando como una huella.
Entonces, ni siquiera tiene que ser una madre maravillosa,
con que sea mínimamente buena en el sentido de estar
atenta, alcanza.
Yo soy psicoanalista y trabajo desde hace 20 años con
niños, adolescentes y familias. El psicoanálisis
moderno descubre que uno de los orígenes del famoso
y tan moderno problema atencional de los niños se funda
en que en el inicio de la vida de ese niño no hubo
una madre que codificó bien ese llanto. Algo entre
esa madre y niño se armó, mal entonces este
nene no tiene la atención como un recurso propio y
no puede prestarle la atención a nadie, con diferentes
variabilidad de patología.
Los pediatras dicen que al bebé hay que tenerlo los
primeros tiempos al lado de la cama porque así se regula
la mamada. Esto es exactamente lo mismo, si la madre está
lo suficientemente atenta, aprende a codificar ese llanto
y lo libera a ese nene de un montón de problemas que
va a tener después en su comunicación y al bebé
le queda como una huella que va a ser futuro lenguaje. |
-Las madres de hoy, ¿no están lo suficientemente
atentas?
- Hay tres tipos de padres. Están los negligentes
que no son malos padres, sino que son torpes y no saben qué
hacer con los hijos y no tienen una intencionalidad de provocar
un daño. Son negligentes porque cometen muchos errores
que por lo general son detectados en la escuela, entonces cuando
se los llama aparece la torpeza que hay en la relación
con sus hijos. Uno como docente les informa a ellos qué
le pasa a sus hijos. Son complicados para trabajar porque en realidad
la torpeza hace que no puedan advertir demasiado qué es
lo que ocurre con sus hijos y necesitan de otros que se los diga.
Después tenemos padres que preguntan. Esos diría
que son los mejores. Porque un padre que pregunta está
dispuesto a escuchar, a implementar alguna estrategia que el docente
o el pediatra le dice.
Y por último, están los padres que demandan, que
son los más complejo. Consideran que los docentes, pediatras
o psicólogos son los culpables de lo que les pasa al hijo,
entonces quieren que les resuelvan el problema. No están
dispuestos a pensar nada, no se hacen cargo de lo que les dicen
y en general son muy poco colaboradores cuando por ejemplo una
docente les llama.
La autoridad
-En todo esto está en juego la autoridad de los
padres....
-Es un fenómeno moderno la decadencia de la autoridad.
Y la autoridad no es el padre, porque la madre también
tiene que poner límites.
Hay un modelo de construcción del psiquismo del ser humano,
de que el padre es el que pone límites, el que regula.
Eso es formalmente lo que tiene que ocurrir, pero no es que la
madre no pueda hacerlo, entonces uno se encuentra en la práctica
clínica con muchas mujeres que plantean que ellas son las
locas que gritan en la casa mientras el esposo llega y lo único
que hace es jugar con los hijos.
La decadencia de la autoridad atraviesa a toda esta generación
que fueron adolescentes en la época de la Dictadura, a
la generación que quiere ser amigo de sus hijos y a los
que no les importa nada. Entonces el cuestionamiento de los chicos
es ¿y por qué?. Hace 40 años los chicos también
hacían la misma pregunta, pero en realidad no existía
la duda acerca de la respuesta que tenía que recibir.
Hay muchísimo miedo de los padres posmodernos a decirles
que no. Y esta negativa hay que justificarla diciendo: porque
soy más grandes que vos; porque ya viví esa situación
y sí lo que es mejor; porque no lo vas a entender y no
me preocupa y me vas a hacer caso porque mientras vivas conmigo,
acá se hace lo que digo y punto. A lo mejor en otro momento
se podrá hablar, pero muy pocos padres lo dicen y cuando
lo planteo me miran como fascista.
De hecho, cuando nosotros nombramos como lema la decadencia de
la autoridad al congreso internacional que estamos organizando
en octubre, tuvimos por parte de personajes muy reconocidos cuestionamientos
tales como: cómo le van a poner ese título si la
autoridad es lo peor que nos pudo pasar a nosotros. Pero no, lo
peor que nos pudo pasar es tener gobiernos militares en nuestra
historia y sufrir el autoritarismo y terrorismo de Estado, pero
justamente eso nos hizo perder de vista que la autoridad es lo
que le permite a un niño crecer sano.
Por: Albertina
Marquestau
Fuente: Diario La capital, Mar del Plata, Buenos Aires.
Fecha: 26 de Abril de 2009
http://www.lacapitalmdp.com/noticias/La-Ciudad/2009/04/26/107339.htm