Conversamos
con el Lic. Fernando Osorio sobre los condicionamientos sociales
y culturales del consumidor de sustancias tóxicas, de
su lugar frente al narcotráfico y del avance de la epidemiología
neoliberal. También hace un repaso crítico sobre
la ideología que impera en Latinoamérica sobre
el consumo de drogas y de por qué es necesario pensar
el tema drogas en términos de "usos y abusos";
incluyendo, también, a los fármacos legales.
Florencia Real Cardozo. He leído, en algún
trabajo suyo, que usted prefiere desestimar la categorización
de drogadicto o de toxicómano, cuando se refiere a un
individuo que consume drogas.
Fernando Osorio. La categoría de drogadicto es muy específica.
Es sólo para determinados sujetos y no se puede generalizar.
Por esa razón yo prefiero hablar de
sujetos usuarios, sujetos abusadores y en algunas ocasiones
de sujetos adictos. Esta categorización responde a la
posición subjetiva que se tiene respecto al objeto tóxico
y la acción de intoxicarse. Considero más relevante
pensar al sujeto, que consulta, respecto a la sustancia que
consume, cuándo la consume, bajo que circunstancia lo
hace y cuál es la historicidad que se puede hacer de
ese acto tóxico.
FRC. ¿A qué apunta con la idea de historicidad
del acto tóxico?
FO. Un sujeto no consume por casualidad o por moda. Puede llegar
a usar algún tóxico en una situación puntual
pero el efecto que va a producir, en su cuerpo, dependerá
de su posición subjetiva. Y eso definirá que lo
siga consumiendo, o no. Me refiero a que ese tóxico va
a funcionar, en su vida, como un complemento que le permita
una sensación de placer extra o de satisfacción
inmediata, o como una suplencia frente a una carencia o
déficit personal.
FRC.
¿Las personas siempre consumen por estas dos razones?
¿Porque no logran una satisfacción o porque
tapan con el tóxicoalgo que no tienen o no van a tener
nunca?
FO. Exactamente así. Y en estas dos posiciones aparecen
los usuarios ocasionales o eventuales, que consumen sólo
en situaciones sociales con un fin recreativo o de pertenencia;
los abusadores que aprovechan las situaciones sociales para
liberar ciertas represiones y se desenfrenan riesgosamente,
y los adictos que lo hacen compulsivamente todos los días,
preferentemente a solas. En esta última categoría,
los adictos, encontramos sujetos que pueden estar en una marginalidad
y pobreza extrema o son sujetos que viven en el más lujoso
de los abandonos o de la indiferencia afectiva familiar.
FRC. ¿O sea que usted piensa que el consumo de
drogas no siempre es una enfermedad?
FO. Exactamente. Depende de la edad, de su estructura
anímica y de las motivaciones personales que lo lleven
al consumo; que en definitiva delinearán el camino futuro.
No se puede tratar a todos los consumidores del mismo modo.
FRC. ¿Pero si no se trata de una enfermedad,
para qué hay que poner en tratamiento a los consumidores
de drogas?
FO. No todos los usuarios deciden ponerse en tratamiento.
Y esto es así, porque el consumo de sustancias no siempre
ocasiona padecimiento. En mi experiencia clínica los
usuarios ocasionales o eventuales no consultan por el consumo
sino por otras razones sociales o íntimas, en las que
puede o no estar asociado su consumo. En el caso de los abusadores
en general son llevados por un familiar y lleva mucho tiempo
acompañarlos
para que comprendan su posición frente a las drogas.
Y en el caso de los adictos son arrastrados compulsivamente
por un juzgado o por la policía porque su acto tóxico
ha llegado a cobrar una dimensión mortífera o
delictiva, con el consecuente abandono o deterioro de su vida
cotidiana familiar y socio-laboral-académica. Estos últimos
son casi intratables y con pronósticos muy reservados.
FRC. A partir de algunas publicaciones científicas
y otras de divulgación, se cuestiona el planteo que el
psicoanálisis tiene respecto a las toxicomanías.
FO. El debate pasa por si la toxicomanía tiene
base orgánica o no y si los tratamientos farmacológicos
son eficaces o no.
FRC. ¿Estos abordajes no son eficaces?
FO. Sí, son eficaces, pero tienen altos índices
de reincidencia porque no resuelven la problemática de
fondo. Se reemplaza una droga ilegal por una legal. Bajo esas
circunstancias el que pierde es el usuario, no el productor.
FRC.
Pero también se le cuestiona al psicoanálisis
su poca eficacia respecto a la cura de sujetos toxicómanos.
¿Cuáles son los parámetros que usted propone
para pensar el tema del consumo de drogas?
FO. La categoría de toxicómano no le
pertenece al psicoanálisis. En todo caso el psicoanálisis
interviene sobre sujetos que consumen determinadas sustancias
y propone escuchar, en ese contexto, cuál es su padecimiento.
Interviene para desandar un camino que lleva al sujeto a un
lugar a dónde verdaderamente no quiere ir. El psicoanálisis
trabaja, con el paciente, sobre la construcción de un
síntoma o sobre un proceso inhibitorio o sobre
el desencadenamiento de la angustia. Es decir, trabaja sobre
aquella idea inconsciente que le hace "creer", al
paciente, que no puede evitar la compulsión al consumo.
Y si por alguna razón llega a la consulta alguien que
tiene un déficit orgánico, mi criterio es derivarlo
para que se estudie si ese "déficit orgánico"
puede tener, o no, alguna incidencia en su compulsión
al consumo. A partir de ese dato armo la estrategia de trabajo
clínico.
FRC. ¿Y qué piensa de los tratamientos farmacológicos?
FO. Me parece importante no hacer una apología de los
fármacos. Estamos en una época en qué prácticamente
todos somos usuarios de sustancias que modifican la química
de nuestro organismo con el único objetivo de paliar
el padecimiento de nuestra existencia; malestar en la cultura
decía Freud. Hay que ser muy cautelosos con esto; sobre
todo en
el abuso que se comete al medicar a los niños. Está
comprobado científicamente que algunas medicaciones tales
como el metilfenidato, que se indica para los problemas atencionales,
provoca más adversidades que equilibrios. Es importante
cuestionar este diagnóstico y revisar los riesgos de
patologizar la infancia con un objetivo capitalista de los laboratorios
que se enriquecen, en base a investigaciones que ellos mismos
financian y
produciendo este tipo de drogas legales. Prácticamente
hay una patologizaciòn generalizada de toda la población.
Para todos hay una sustancia indicada, que puede milagrosamente
equilibrarnos. Todos podemos presentar algunas de las características
descriptas en exhaustivas clasificaciones internacionales de
salud mental.
FRC. ¿Este avance hacia la patologización
general de la población se da en otros lugares? ¿Latinoamérica,
está inmersa en un escenario común que nos permita
generalizar cuestiones referidas al fenómeno de la droga?
FO: El escenario común es la corrupción
que genera el narcotráfico y el avance perverso de la
epidemiología neoliberal. Y eso no es sólo patrimonio
de esta región.
FRC. ¿Cómo piensa usted la problemática
del consumo de drogas en Latinoamérica?
FO.
Latinoamérica no es uniforme ni en cuanto a los índices
de consumo, ni en cuanto al tráfico, ni siquiera en sus
legislaciones y mucho menos desde el punto de vista cultural.
Dentro del mismo país y bajo las mismas reglamentaciones
hay zonas que se manejan con parámetros socioculturales
opuestos. Estas disparidades normativas e ideológico-culturales
generan un antagonismo del que también se aprovecha el
narcotráfico.
FRC. ¿A que se refiere?
FO. En ese escenario "común" se nombran
a los países como proveedores o consumidores, como si
fuera una característica regional. Además de producir
alfajores, los turistas se enteran que tales o cuales países
son productores de una droga ilegal. Esto es muy grave porque,
lo que debe quedar bien en claro es que, no se trata de una
región, o de un pueblo determinado, sino de los modos
en que opera el narcotráfico en cada lugar. Esta red
criminal, busca los territorios y las circunstancias que le
permitan desarrollarse sin importar dónde lo haga.
FRC. ¿Esto está asociado a lo que ud.
ha llamado, en algunas conferencias, antagonismo regional?
FO. Yo suelo hablar de antagonismo regional porque
en algunos lugares el consumo de ciertas sustancias está
asociado a una práctica mortífera e hipócritamente
criminalizada. Al mismo tiempo que rigen legislaciones represivas,
determinadas poblaciones piensan el uso de drogas como una experiencia
socio-cultural. Tal es el caso de Bolivia o parte del norte
argentino, en dónde la hoja de coca, que no es cocaína,
se consume desde tiempo inmemorial sin ningún tipo de
cuestionamiento. Otro ejemplo es Perú. En el 2005 cuatro
gobiernos regionales andinos designaron a la coca como patrimonio
regional, natural, biológico, cultural e histórico;
declarándola hoja sagrada de los Incas. Mientras tanto
el
gobierno central peruano, en contradicción con esto,
desarrolla políticas absolutamente persecutorias. Otro
paradigma interesante es Brasil que, si bien no es un productor
de cocaína, el narcotráfico de ese país
provee a sus contactos en países como Australia y Nueva
Zelanda, a los cuales vende la producción que le llegaría
supuestamente desde los operadores de Bolivia, Perú o
Colombia. La ley dice una cosa pero el poder económico
del narcotráfico impone otra muy diferente. Imagínese
que, al ser todo el operativo clandestino, la información
que se tiene es absolutamente parcial.
FRC: También he leído en su libro: "Usos
y abuso de drogas. Adicción, disciplinamiento y control"
que usted sostiene que el antagonismo regional que pesa sobre
el tráfico y el consumo de drogas tiene que ver con las
políticas que se implementan desde los gobiernos…
la famosa desición política que nunca llega y
que se promete en las campañas electorales.
FO. Efectivamente. Ese es otro ejemplo del antagonismo
regional. Uno de los tantos ejemplos que podemos nombrar es
el caso del llamado PlanColombia de lucha contra las drogas
y que tiene todo el apoyo de los EE.UU. El gobierno estadounidense
les ha aportado desde el año 2000 unos 35.000 millones
de dólares. Paradójicamente el narcotráfico
en Colombia sería, según las noticias internacionales,
uno de los principales
proveedores de sustancias ilegales, justamente para el consumo
interno de los ciudadanos norteamericanos.
FRC. ¿Venezuela tiene otra postura?
FO. Venezuela expulsó a los representantes de la DEA
en el 2005. Se sospechó que realizaban en ese país
maniobras de inteligencia interna. Con lo cual, la información
que algunas de estas agencias emiten, en sus informes, no puede
ser ni objetiva ni fidedigna porque, en su intervención,
es otra cuestión lo que las motiva. Una de las denuncias
fue, que las agencias nunca informan sobre las bandas desmanteladas
ni sobre los decomisos efectivamente realizados.
FRC: De todos modos, creo que a nadie le queda ninguna
duda que las políticas propuestas por la DEA (Drug Enforcement
Administration) para Latinoamérica han fracasado por
la ideología de control regional que oculta.
FO. Es claro que desde que Richard Nixon, a final de
la década del sesenta, le declaró la guerra a
las drogas, cuestión reforzada luego durante el gobierno
de Ronald Reagan, en realidad le declaró una guerra a
la gente común, a los usuarios. Desde esa época,
por una cuestión de seguridad interna, la teoría
política impulsada por los EE.UU; que además sería
el principal país consumidor de sustancia toxicas ilegales
según lo que podemos leer todos los días en la
prensa especializada, ha fracasado con estrépito porque
lo que ocultan es un plan económico de control social
sobre la región.
FRC. ¿Qué motivaría el interés
de los EE.UU. en esta región? ¿Ud. cree que el
tema de la droga es sólo una pantalla?
FO. No creo ser el único que lo estima así.
Los norteamericanos, a diferencia de los latinoamericanos piensan
con una proyección de aquí a cien o ciento cincuenta
años. Ellos ya están pensando qué territorio
ocuparán para reemplazar las zonas propias que desaparecerán
por las catástrofes naturales, las inundaciones futuras,
los cambios climáticos, la falta de agua dulce y la insuficiencia
de otros recursos naturales. Tal como
lo hacen actualmente por las reservas de petróleo, en
otras partes del mundo. Por esa razón, para ellos, siempre
es mejor que el enemigo sea una legión de borrachos,
drogados y analfabetos que no piensen, y no una legión
de cuestionadores y revolucionarios que puedan llegar a ser
una amenaza para sus proyectos. Someter Latinoamérica,
o a cualquier otra región, a sus imperativos tiene un
fundamento para su propia supervivencia… salvo que antes
de eso, encuentran agua en Marte.
FRC. ¿Podría decirnos cuál es, a grandes
rasgos, la situación actualde ese antagonismo regional,
que resulta tan difícil de abarcar?
FO. El principal rasgo inabarcable es la contradicción
entre el intento de prevención y el estimulo al consumo.
Le voy a dar un ejemplo. Todo lo que se intenta controlar en
una región, como podría ser el caso de la disminución
de áreas de cultivo del cannabis (marihuana), aumenta
proporcionalmente en otras regiones. Es decir, cuando un país
disminuye sus plantaciones otro las aumenta. Otra contradicción,
por ejemplo, la
encontramos en los consejos nacionales, de distintos países,
que trabajan para el control del consumo de estupefacientes
y para controlar el narcotráfico. Difunden programas
de prevención pero, a veces, son los principales compradores
de drogas ilegales a un país vecino. Es decir que vemos
en forma reiterada que no se apunta a la persecución
del
narcotraficante sino que se criminaliza al usuario. Las políticas
que se implementan se diluyen frente a la magnitud de la realidad
y por eso es imposible detener el narcotráfico. En algunos
países se ha iniciado una supuesta lucha contra el consumo
de pasta base. Se ha institucionalizado esa lucha y se ha dispuesto
un presupuesto para que esa lucha se lleve adelante. La gran
contradicción es que, en esos mismos lugares, no se aumente
el presupuesto para educación y salud que son los dos
pilares fundamentales de prevención en el uso y abuso
de sustancias tóxicas.
FRC. ¿Qué valor tienen los operativos
antinarcóticos? ¿Esta, sería una manera
de luchar contra el narcotráfico?
FO. Obviamente los gobiernos tienen que justificar
la existencia de sus agencias antidrogas y cada tanto tiene
que mostrar algún dispositivo con final feliz. Pero eso
sólo es la punta del iceberg. La droga está en
otras rutas que son, créame, intocables. Esta acción
es parecida a ciertos operativos que la policía suele
hacer en muchos países de Latinoamérica. Por ejemplo,
a la salida de los recitales, tiene que detener a una cantidad
de menores de edad para justificar, ante la opinión pública,
su existencia y su eficacia en la lucha contra el crimen.
FRC: ¿Por qué resulta tan difícil
resolver el fenómeno de la droga? ¿Es sólo
una cuestión económica o hay factores culturales
que lo hacen inviable?
FO. A mi juicio no existe tal fenómeno; lo que
no quiere decir que desde determinadas corporaciones se intente
instalarlo como fenómeno. Creo entender que lo que sí
existen son hechos concetos. Por un lado el narcotráfico
y por el otro determinadas sustancias que producen algunos efectos
y que por razones político-económicas, claramente
de vigilancia y control social, se comercializan de modo legal
o ilegal y que los gobiernos
no están muy dispuestos a intervenir responsablemente.
Las sustancias legales, tales como los medicamentos, también
están cuestionadas en su eficacia y en su utilización.
Es probable que también participen de un proyecto de
control social… sobre todo las sustancias que afectan
el sistema nervioso y que actúan sobre la conducta, la
personalidad o los estados de ánimo.
FRC.
En los últimos años la industria farmacéutica
ha recibido múltiples cuestionamientos, como nunca antes.
FO. Es probable que una pastilla de metilendioximetanfetamina,
conocida en el ambiente de los usuarios como "éxtasis",
no se logre comercializar legalmente dados los evidentes efectos
adversos para la salud física y psíquica que provoca
en un sujeto. Pero pensemos: ¿a quién se podría
llegar a demandar en caso que esa sustancia mate a alguien?
Si no se la puede vender en el circuito legal, porque lloverían
los juicios y las demandas indemnizatorias, se la vende en el
circuito ilegal y nadie puede hacer nada. Entonces, el usuario
es el que comete el delito por consumo y tenencia; el productor
no paga impuestos, ni patentes y por sobre todas las cosas no
es responsable de los efectos adversos o mortíferos que
pudiera ocasionar lo que vende; el narcotraficante se enriquece
y alimenta su ambición de poder y los gobiernos no intervienen
eficazmente con el único objetivo de tener una población
cautiva: intoxicada, mal alimentada y deseducada.
FRC. ¿Usted considera que la despenalización
o las políticas de reducción de daños son
criterios para terminar con el problema de la droga?
FO. La despenalización es sólo un aspecto
del problema. Algunos países latinoamericanos trabajan
sobre una posible norma que fije dosis mínimas para la
tenencia de sustancias toxicas. Esto es, claramente, un intento
de avanzar hacia la despenalización de la tenencia de
sustancias para uso personal. Es probable que la despenalización
permita la llegada de muchos usuarios al sistema de salud pública
que requieren ayuda, pero que no la piden porque son considerados,
socialmente, criminales y temen ser denunciados. Creo que hay
que avanzar y profundizar mucho más esta línea
de despenalizar al usuario. No obstante tengo serias dudas que
la despenalización termine con el narcotráfico.
De hecho existe tráfico de fármacos, aún
siendo legales. Un modo de avanzar, en la despenalización,
son las campañas que sostienen las agencias de reducción
de daños provocados por el uso indebido de sustancias
tóxicas. Pero para que esto se consolide se necesita
del apoyo incondicional de los gobiernos.
FRC. Muchas Gracias
Por: Florencia Real Cardozo
Fuente: Red Latinoamericana de Noticias