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¿Niños y jóvenes, perturbadores o perturbados?
Construcción de una identidad

El doctor Camilo Ramírez Garza, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México) respondió a los interrogantes planteados sobre la identidad de niños y jóvenes en el marco de los preparativos del 1er. Congreso Internacional sobre Conflictos y Violencia en la Escuelas.


- ¿Qué valor tienen las nuevas clasificaciones internacionales en salud mental que intentan aunar criterios diagnósticos de modo universal? ¿Aporta algún beneficio para el especialista a la hora de conducir un tratamiento o de hacer una indicación? En algunos ámbitos científicos se cuestionan estas clasificaciones porque están muy cercanas a los datos que necesita el profesional para indicar una medicación determinada, ¿tiene alguna validez este cuestionamiento o se trata de controversias sin fundamento científico? ¿Estamos ante una “mercantilización” del sufrimiento humano? ¿Los ensayos clínicos de la epidemiología moderna, para lograr la aprobación de un medicamento, pueden llegar a superar, en algunos casos actuales, los límites de la ética profesional?


- La clasificación de la salud mental, o más bien de la enfermedad, plantea de entrada una paradoja ya muy comentada a lo largo y ancho de los tiempos: si la mente en realidad se enferma, si los padecimientos mentales pueden tomarse de igual manera en base a un modelo médico. Partiendo de la conceptualización primeramente de mente, enfermedad, cura, tratamiento, etc. se puede advertir que al menos en psicoanálisis la enfermedad mental no existe como tal. Sino como formas, si se quiere decir posiciones, estructuras ínter-subjetivas. Lo que me parece grave de tales clasificaciones sobre padecimientos de la infancia es la reducción que plantean: comenzar a ver (clasificar) todo lo que un niño o joven hace en función de no se qué criterios, cuando lo que hay que advertir es qué es lo que sucede, ante quién, qué produce (efectos) y cuáles serían las vías de solución, bajo la premisa de que es el síntoma y sus sufrimientos el que plantea que algo anda mal y hay que intervenir, no solo a un nivel farmacológico, sino al nivel en el que se presenta la misma problemática: si es en relación con alguien, como alguien a quien se agrede, y si esa agresión tiene un matiz de envidia, de deseo por algo que el otro tiene. Toda clasificación orienta, y no solo la psiquiátrica, también la psicológica y psicoanalítica, creando referentes, el problema es sólo ver eso que la clasificación plantea, entonces algo se deja fuera, en ocasiones es justamente eso que no tiene lugar en ningún lado se manifiesta a nivel del síntoma. Respecto al mercado: ¡Claro! El goce económico -hacer negocio gracias a la tragedia-, las respuestas aparentemente fáciles... el limbo de las pastillas en vez de las palabras... todo eso está no sólo en el tecno-mercado farmacológico, sino en las nuevas subjetividades, esas que viven a base de producción-consumo-aparentemente goce-angustia. Sin frenos. De ahí que incluso ahora aparezca toda esta clínica de la bipolaridad en aumento. ¿No será que el mundo actual requiere que sus, ya no digamos ciudadanos o contribuyentes, sino usuarios, sean extremos, estén y pasen del polo del miedo y el fracaso, al del activísimo y consumo más maniaco... y todo eso a la distancia de un trago, pastilla, línea de coca, compra vacía y angustiada?

- ¿Qué es el “Trastorno negativista desafiante”? El modo de clasificar la conducta de niños y jóvenes que presentan conductas poco armónicas a la vista del mundo adulto, ¿es un intento por mejorar los tratamientos médicos o psiquiátricos o una estrategia de los laboratorios para vender medicación?


- Esa noción también podría llamarse "O de como los adultos no sabemos qué hacer con los niños y jóvenes, y por eso nos inventamos quien sabe que criterios para patologizar el hecho de no poder ejercer la autoridad con ellos". Por lo que ese trastorno tiene un reverso en los adultos. Pero como sucede con toda clasificación, se centra en un objeto y no en el sujeto que lo produce. De ahí que el psicoanálisis aporte en primera instancia la cuestión sobre nuestra participación no solo en aquello que padecemos, sino en cómo solucionarlo. Es más fácil, además políticamente correcto desde una visión médica del fármaco mercado decir que un niño o joven padece un “trastorno negativista desafiante”, que hay que tratarlo, a exclamar que como padres y maestros no sabemos que hacer para darles un deseo para sostenerse, una orientación, un límite.

- En los últimos quince años, en la Argentina y en otros países de América Latina, han tenido auge las llamadas neurociencias y las psicoterapias con orientación neurocognitiva o cognitivo-comportamentales, ¿se trata de un nuevo enfoque? ¿Cuál es el origen de este abordaje? ¿Por qué se dice que es más eficaz que una psicoterapia de orientación psicoanalítica?

- Creo que esta apreciación se debe mucho a las nociones clásico-ortodoxas del psicoanálisis por demás aburridas, obsoletas, simples caricaturas de lo que es la escucha y el método psicoanalítico: que si es muy largo, cansador, caro, a lo cuadrado y esperado de las interpretaciones y lo que dice el analista, hay muchas películas y paginas web en donde se hace una critica de manera burlesca de lo que dice un analista: que si que piensa, que si el Edipo, que si etcétera, etcétera así con su cara seria, acartonada, que dice cosas pero que nadie entiende, y si hace además tono extranjero es mejor… al menos eso en América latina. Cuando el psicoanálisis es un método de escucha, de consideración de lo humano, no una cosa cuadrada ortodoxa en donde se tienen que seguir reglas y reglas, sino buscar el sentido de lo que sucede. A los analistas a veces se nos ha olvidado que no se trata de tiempos largos, pues el tiempo de la sesión y del Inconsciente es otro tiempo, sino de intervenciones que apunten hacia el descubrimiento-desciframiento del sentido de lo que el otro vive y padece. Algo común a las neurociencias y terapias neuro-cognitivas es que ofrecen en cierta medida una participación activa del paciente, eso puede leerse también como una crítica al psicoanálisis, que en ocasiones se va moldeando al paciente a que necesariamente piensa o vea las cosa como las ve el analista... digamos los analistas a menudo no nos destacamos ni por nuestra humildad ni por nuestra aceptación de los errores... ¿Cuántos libros o ensayos se escriben en la literatura psicoanalítica sobre los errores que cometemos? ¡Nos damos cuenta como siempre se trata en cierta forma de patologizar a los objetos! La tristeza, por otro lado, es que poco se hable de lo eficaz del psicoanálisis, pues en cierta forma se considera que "está mal hablar en términos de mejoría, cura, eficacia, felicidad..." del psicoanálisis, pues sería como reducirlo a la psicoterapia que se vende en cada esquina, hablar desde el engaño del Yo. Entonces se adorna de jerga que nadie entiende, sólo los iniciados, se vuelve elitista, cosa de grupos, cofradías, sectas, seminarios para adorar autores sin crítica alguna, etcétera y la gente -no los analistas- no sabe para que sirve y se queda sólo con la caricaturización del tipo de barbita con traje y puro en mano. Pero igualmente no se soluciona su problema, entonces cuando escucha los discursos de las neurociencias que es claro, se acerca… Los analistas entonces se enojan y dicen que es una resistencia, que la gente quiere algo fácil, como una fast-food psicológico, que toda la culpa la tienen los gringos, etcétera sin poder ver que eso que sucede en parte lo hemos producido nosotros... Por ello creo que es importante una relectura del articulo de Freíd, "Perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica", pues se trata de un desarrollo interno, pero también de formas de llegar a las masas.