Para
el caso de la formación docente, considero que podría
empezar a caracterizar el proceso, partiendo de un escenario
anterior, la década de los sesenta, ya que en el mismo
se funda un sistema formador docente que pasa de la escuelas
normales a los institutos terciarios para la formación
docente (la terciarización de la formación docente).
La hipótesis de esta breve presentación es que
en los diferentes períodos, se fueron delineando ciertas
políticas educativas que contribuyeron en la construcción
de una identidad docente donde la violencia y el conflicto ocupan
un lugar de relevancia. Y en este sentido, considero que la
posibilidad/imposibilidad de democratización, en los
sistemas de formación docente, ha jugado un papel central
condicionado a los distintos modelos de formación docente,
característicos de cada período.
Antes de entrar de lleno a delinear algunas características
de cada contexto, deseo plantear algunas consideraciones teóricas
generales acerca de la idea de violencia.
La primera cuestión a plantear es el carácter
eminentemente simbólico de la violencia que se ejerce
en los sistemas de formación docente. Pues en los mismos
(parafraseando a Bourdieu) se da un juego donde los sujetos
se relacionan a partir de un determinado capital. Hay quienes
disponen de ese capital simbólico (los formadores de
formadores) y quienes van a los institutos para apropiarse de
él. Así y desde el mandato fundacional de la formación
docente, este capital (conocimientos, saberes, experiencia pedagógica),
se convierte en poder, y por lo tanto en la fuerza de la que
disponen ciertos agentes que ejercen lo que Bourdieu llama “violencia
simbólica”. Es decir, esa forma de violencia que
se pone en marcha sobre los otros agentes que forman parte del
juego y, por lo tanto, con su misma complicidad. Es una violencia
eufemizada y por ello, socialmente aceptada. Esta aceptación
o creencia no es explícita o voluntaria, sino una adhesión,
una sumisión al orden de las cosas con el solo interés
de seguir siendo parte del juego que se juega en este campo.
La otra cuestión a plantear es si la violencia es propia
de las instituciones educativas o si es un reflejo de la violencia
social. Y en este sentido retomamos el planteo de Elías
que dice que “son las sociedades las que tornan brutales
a las personas y no su naturaleza individual”. Por ello,
pensamos que los sujetos que se relacionan en las diferentes
instituciones llevan a cabo prácticas vinculadas a la
violencia, tanto en la escuela como en la sociedad. Así
se podría hablar de una violencia escolarizada pero no
porque la escuela en sí misma sea violenta, sino porque
las instituciones educativas están también atravesadas
por las reglas de un orden social que es básicamente
injusto y desigual: el sistema capitalista.
Explicitados estos supuestos, desearía desarrollar rápidamente
algunas características del devenir de la formación
docente para mostrar como dichas características se constituyen
en un marco que condicionan y favorecen el desarrollo de procesos
de conflicto y violencias en este sub-sistema.
Desde los 60 en adelante, las sucesivas políticas educativas
fueron contribuyendo a una fragmentación creciente tanto
desde el plano nacional como desde los provinciales. Lo que
estuvo ausente es la visualización de la formación
docente inicial como un espacio específico, con identidad
dentro de la educación superior y a su vez fuertemente
articulado con las necesidades de las escuelas de todos los
niveles del sistema educativo. El espacio donde se produce y
se recrea una propuesta pedagógica nacional, como supo
ser con, todas sus contradicciones y aspectos negativos, el
proyecto expresado por el normalismo. No aparecía como
problemática a superar la fragmentación creciente
y menos aun pensar en un proyecto pedagógico nacional
de referencia. Esta fragmentación se termina de consolidar
con la transferencia del año1992. La formación
docente pasó a ser un problema provincial con el más
bajo perfil posible y dejando un ancho espacio para el desarrollo
de los institutos privados que crecieron desordenadamente hasta
superar en cantidad a las instituciones estatales.
De esta manera se fue constituyendo un sistema altamente regulado
desde las estructuras de los estados provinciales y luego en
un sistemático obstáculo para cualquier intento
que quisiese hacer de la misma un espacio educativo democrático,
de referencia y con una identidad pedagógica específica.
Se profundizó la dificultad de articulación con
la educación superior universitaria y consecuentemente
los/as jóvenes que estudian en los ISFD no pueden asumir
como propias las banderas del cogobierno. Sorprendentemente
se ha logrado construir al interior del sistema educativo una
estructura discriminatoria. Un/a joven que estudia en la universidad
–con idéntica edad y características intelectuales–
tiene más derechos políticos y pedagógicos,
que otro que estudia en un ISFD. Puede elegir a su gobierno
educativo y puede organizar con autonomía su estudio,
mientras que los jóvenes del ISFD continúan sometidos
a un régimen de escuela secundaria.
La formación docente se fue desarrollando pegada a las
necesidades de las reformas curriculares del sistema educativo
que se pensaban y hacían desde el Estado. Una especie
de correa de transmisión del pensamiento ministerial.
Desde los 60 en adelante el carácter tecnocrático,
las restricciones presupuestarias y la presión de la
educación privada han sido elementos predominantes en
las políticas educativas de formación docente.
Estas no tuvieron coherencia ni continuidad y como consecuencia
de esto, la formación docente se fue desarrollando por
sucesivas ampliaciones y modificaciones hasta llegar a una enorme
fragmentación. En la medida que se fueron dando estos
procesos fue tomando forma una problemática curricular
específica de los ISFD en relación con lo que
se consideraba que eran las necesidades reales de las instituciones
educativas primarias y secundarias. Pero las sucesivas ampliaciones
de la formación docente más que mejorar la comprensión
de la problemática escolar concreta implicaron un paulatino
alejamiento. Este alejamiento es ya hoy una fractura más
que se agrega a nuestro sistema educativo.
La superación de la fragmentación de la formación
docente implica generar un espacio con una dinámica académica
e institucional más horizontal y más autónoma.
Un sistema abierto al desarrollo del pensamiento científico
y con capacidad de comprender las nuevas necesidades educativas,
producto de las transformaciones sociales y culturales. En la
constitución de la formación docente como espacio
con una identidad propia en el marco de la educación
superior convergen dos dinámicas. La primera de ellas
es la que está relacionada con los problemas de las instituciones
educativas, donde debemos incluir la cultura institucional,
la formación profesional y los contextos socioculturales.
La segunda es más propia del sistema de educación
superior. Los y las jóvenes que asisten a los ISFD no
deben ser pensados de manera distinta que los que asisten a
las universidades públicas y consecuentemente deben tener
los mismos derechos políticos y culturales. Una cosa
es distinguir la especificidad de la formación docente
y otra es escamotear a partir de ella el derecho al protagonismo.
No debemos olvidar que una cultura democrática en los
ISFD es un elemento curricular en la construcción de
los aspectos profesionales del docente. Las prácticas
democráticas deben ser un elemento constitutivo de la
identidad de la formación docente.
En nuestro país la experiencia de transformar las instituciones
educativas solamente por la vía de cambios normativos
o de formatos institucionales ha sido una constante y siempre
fueron realizados de manera autoritaria dejando un saldo de
destrucción institucional y de división de los
educadores. La Ley Federal es el mejor ejemplo. La terciarización
de los sesenta fue una necesidad a la que se respondió
solamente con un aumento de años de estudios. Con una
concepción tecnocrática idéntica, la política
educativa predominante de la década Menemista, con un
discurso que apuntaba a superar la fragmentación, sometió
a los ISFD a nuevas reglas del juego que las importó
del sistema universitario. Generó un sistema de acreditación
académica a partir del cual podría decidir cual
de los ISFD estaba en condiciones de emitir títulos con
la suficiente idoneidad. A partir de esto tomó forma
institucional y política la amenaza del cierre de ISFD
y con ello el miedo se convirtió en una constante cultural
de la formación docente en los años 90.
Se impuso autoritariamente una reforma curricular rígida,
que no daba espacio para tratar las problemáticas socioculturales
que hoy vive nuestra población y menos aun, generó
las condiciones institucionales de investigación, reflexión
y debate alrededor de los contenidos curriculares y de su enseñanza.
Además del miedo al cierre de los ISFD por vía
de no cumplir con la acreditación, ha promovido la búsqueda
de acreditaciones individuales como forma de tener mayor seguridad
laboral. Esta necesidad contribuye, además de generar
en la docencia una conciencia individualista, al desarrollo
de una importante demanda para un mercado educativo que puso
(a modo de violencia simbólica) a todos contra todos
y al sálvese quien pueda. El miedo al ajuste, al cierre
del ISFD y a la pérdida del trabajo son las constantes
que se han instalado en la cultura de la formación docente.
No ha existido en las últimas décadas, políticas
públicas sistemáticas de intervención activa
en los procesos de formación permanente y en servicio.
En este terreno, el mercado y la privatización, han avanzado
enormemente. El hecho de que la capacitación esté
privatizada y que las principales referencias curriculares estén
reguladas por las directivas ministeriales y por la industria
editorial implica que los educadores pierdan posibilidades de
incidir en las orientaciones curriculares y que la autonomía
de trabajo en el aula se va restringiendo. La formación
en servicio con sus orientaciones curriculares definidas, las
directivas ministeriales, las referencias institucionales obligadas
en que se constituyen los textos reconocidos y las condiciones
laborales se convierten de conjunto en una presión muy
fuerte en contra de las decisiones críticas y autónomas.
Es aquí donde las luchas sindicales de los docentes por
sus condiciones de trabajo y por un mayor protagonismo en la
elaboración y ejecución de propuestas curriculares
han adquirido y adquieren cada vez con mayor fuerza, un carácter
estratégico, no sólo para detener la ofensiva
neoliberal sino también para pensar e implementar una
propuesta de transformación de la educación con
un sentido profundamente democrático, claramente articulado
con las necesidades sociales y culturales de la población
y fuertemente posicionado en el desarrollo de la cultura nacional
y latinoamericana.
La propuesta que humildemente quiero hacer para superar modelos
de violencia escolar es la democratización de la organización
escolar del sistema de formación docente, basándose
en:
- La constitución de gobiernos colegiados donde los profesores,
los estudiantes y los educadores de la comunidad sean los componentes
principales.
- La democratización de los ISFD está fuertemente
relacionada con la autonomía. Esta idea de autonomía
no debe trasladarse mecánicamente desde el sistema universitario,
sino que debe construirse de acuerdo a las características
propias de las culturas institucionales de los IFD.
- El proceso de su construcción no se agota en la instancia
del instituto formador sino que supone la constitución
de un espacio de gobierno democrático dentro del Consejo
Federal de Educación. En esta relación dialéctica
es posible constituir un marco de acuerdos que permita llevar
adelante el objetivo de hacer de la FD nacional un ámbito
de dinámica específica plural y protagónica
en el que se integran, además de las instancias de gobierno
nacional y provincial, docentes, estudiantes, organizaciones
sindicales y otros actores.
Por
último, quisiera dejar picando una pregunta: En el nuevo
milenio, la derogación de la Ley Federal de Educación,
la preparación de una nueva Ley de Educación Superior
y el supuesto abandono del modelo neoliberal, ¿serán
suficientes para superar los modelos históricos de formación
docente que estuvieron atravesados por diversas formas de violencia
simbólica? ¿Qué otras cosas hacen falta
definir?
1.
El autor se refiere a la Conferencia Preparatoria “Crisis
y conflictos entre padres y maestros” (Facultad de Derecho,
UBA, 29 de abril de 2009). Encontrará un resumen disponible
en: http://www.escuelayviolencia.com.ar/articulos/art02_conferencia.htm
2. ISFD significa Instituto Superior de Formación Docente
Por: Miguel Ángel Duhalde