Por
qué mi hijo me hace esto?", se desentiende Florencia
cuando se entera que su amado hijito de 6 años se porta
mal en la escuela. "Voy ya mismo a quejarme con la maestra",
insiste la mujer cuando le llega el boletín. Y este es
apenas un ejemplo. ¿Cuánto ha cambiado la relación
de los padres con la escuela? ¿Cuáles son los
retratos, las distintas máscaras de este asunto en este
nuevo milenio?
"Cambió
y mucho el modo de vincularse", asegura la psicopedagoga
Marisa Aisemberg, que tiene casi 40 años de experiencia.
" Tanto los que envían a sus hijos a una escuela
pública como a una privada, piden que alguien se haga
cargo de ellos. La familia deposita en la escuela sus ideales,
espera soluciones mágicas que luego no aparecen. Y es
allí donde el derrumbe de esos ideales se transforma
en frustración y enojo. Encontramos padres que denigran
a la escuela y a su personal docente, llegando a situaciones
de maltrato y violencia física y verbal".
Falta
de tiempo, de espacio, de ganas, de plata... la lista de lamentos
es larga por parte de los adultos. Mientras, los chicos, en
el medio... escuchando, observando, tomando nota.
"En
muchos casos, hay una enorme infantilización de los adultos.
Y cuando esto ocurre, queda vacante su lugar, entonces son los
chicos los que terminan tomando las decisiones: si tienen que
estudiar o no, algunos van al almacén a hacer las compras
y se preparan la comida solos. Y hay padres que ni miran los
cuadernos de su hijos", describe el panorama Aisemberg.
La
escuela no está exenta de la creciente exigencia del
mundo actual. ¿Por qué debería estarlo?
Los maestros no solo tienen que ejercer sus funciones básicas
como educadores, sino que cada vez más tienen que calmar
a padres, niños y a ellos mismos incluso, asustados por
las pestes. Colegios que cierran por temor a la Gripe A, padres
que deciden ni enviar a sus hijos a la escuela: "mejor
burros que enfermos", diría algún chistoso.
La olla hierve. Y mejor que los estornudos estén lejos.
"La
función de los padres es hacerse cargo a cada instante,
tienen que tener la mirada en el crecimiento... pero no siempre
están dispuestos. A veces, se sienten ellos mismos hijos
abandonados por la sociedad, por el Estado. ¿Resultado?
Los chicos se las arreglan como pueden, quedando a merced de
la tele y la computadora. Y después surgen los problemas
de aprendizaje, de alimentación, de atención,
las drogas", esgrime Aisemberg.
Ruidos
El
silencio no parece acompañar la concentración
que el estudio o la tarea de cada día requiere. Muchos
chicos, aseguran en las escuelas, estudian chateando, con la
tele prendida y mandando mensajitos a través del celular.
Todo junto. ¿Y los padres? Lejos, lejos... en otra dimensión.
Es
moneda corriente en el reino del revés que los padres
le tengan miedo a sus hijos. Aisemberg es tajante: "Hoy
es clarísimo que en la casa mandan los niños.
Tienen un poder que los llena de desasosiego, porque no está
quien los cuida para poder descansar y disfrutar de su infancia
".
Modelo
para armar
No
hay duda de que la escuela y los padres deben trabajar juntos
en pos de poner las cosas en su lugar. Se trata, sin duda, de
un volver a empezar, a pesar del bombardeo cotidiano al que
se ven expuestos padres y maestros.
Una
historia bien distinta es la que ocurre en la escuela 13, distrito
escolar 9, del barrio de Colegiales. Es la escuela primaria
pública que dirige desde 1993 Ricardo Sobrón y
la vicedirectora Nora Jaureguy Berry. Allí los chicos
tienen espacio para decir, para escuchar y para correr. Y no
se trata de metáforas. No. Se trata de una escuela modelo,
como pocas. "Los padres respaldan cuando hay trabajo, cuando
ven que se ocupan de sus hijos", sintetiza Sobrón.
En
sus 16 años de gestión Sobrón y Jaureguy
Berry pueden dar cuenta de cómo fue cambiando la participación
de los padres, la actitud de los alumnos y el modo de relacionarse
de los maestros.
"Invitamos
a los padres simplemente a formar parte, a que se sumen y aporten
ideas y proyectos. Ese fue el click", cuenta Sobrón.
"Acá
les explicamos que la escuela la hacemos todos. Y los padres
se entusiasman. Eso ocurre porque sienten que la escuela no
los expulsa, que los incluye", se entusiasma Jaureguy,
mientras entra un nene de cuarto grado a pedir hielo para un
golpe que se dio en el recreo.
En
general se espera que la escuela funcione como el segundo hogar,
la "segunda madre". Lo cierto es que la escuela primaria
es donde se prepara a los niños para la sociedad. Un
lugar donde formarlos, más que informarlos.
"Intentamos
que los chicos desarrollen sus problemas. Lo primero que les
decimos es 'hacéte cargo. Si tiraste la pelota afuera,
hacéte cargo'", ejemplifica Jaureguy. Y Sobrón
agrega: "Y los padres acompañan. Muchas veces nos
ocurre que algunos papás no entienden las nuevas metodologías
de trabajo y exigen que hagamos con sus hijos lo que hicieron
con ellos. Pero acá hacemos que el maestro baje del pedestal
para entender a los niños. Cuando yo era chico- cuenta-,
el maestro se subía a una tarima para enseñar.
Acá, en cambio, el profesor se sienta atrás de
todo para acompañar, para protegerlos en su aprendizaje.
Les enseñamos a no ser violentos, a ser respetuosos y
los formamos como futuros ciudadanos críticos, que sepan
defenderse a través de la palabra, que sepan investigar,
leer e interpretar. Les enseñamos a no ser ovejas".
Por:
Jéssica Fainsod
Fuente: Diario Clarín
Fecha: 20 de junio de 2009
http://www.clarin.com/suplementos/mujer/2009/06/20/m-01941882.htm